Canciones para turistas

Lo conocimos en un parque en Trinidad, la villa fundada por los españoles en 1514, entre el mar Caribe y las montañas del Macizo de Guamuhaya. Comenzó a cantar una canción triste sobre La Habana, como si supiera de dónde veníamos. Parecía que tocaba sólo para él.
Luego nos preguntó si éramos españoles --por enésima vez en el día. Cuando supo que vivíamos en La Habana, nos contó la historia de su vida. Había sido boxeador, del equipo nacional. Viajó a Berlín. Le robaron sus maletas en una estación de la capital. Dejó el deporte y ahora toca la trompeta en un grupo de trova tradicional: canciones para turistas.
Antes de irnos deshizo una tonada romántica. La voz trasnochada, el gesto lastimero.
No me llamó "amigo" --con la falsedad viciosa del jinetero; tampoco machacó nuestros oídos con una versión de Compay Segundo. Fue sincero. Aplaudí, le di las gracias. Le pagué, tal vez menos de lo que merecía. He olvidado su nombre.
De Trinidad: las piedras silenciosas, las calles desiertas, la visión del horizonte, azul y verde. Y el diálogo breve con este cubano, el relato de su vida, las notas dispares de la guitarra.
PS: Esta foto fue tomada por Adianet.
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