Junio/ Juin

Es junio en La Habana y llueve casi todas las tardes. Antes los primeros aguaceros caían en mayo, pero con el cambio climático ya nadie sabe.
La primavera tarda en llegar. Un día descubrimos los flamboyanes cubiertos de flores rojas y amarillas, y estos árboles de la Avenida de los Presidentes, en El Vedado, vestidos de blanco o de un rosado muy tenue.
Pero el esplendor es breve. La lluvia deshace los frágiles pétalos, que cubren las aceras y se tienden sobre el asfalto. Los transeúntes viven por unas horas la ilusión de una nevada.
Fresco, el aire alegra. No importa caminar, hacer malabares sobre los charcos, esquivar el barro; no importa que la nube sea gris, no asusta el trueno; y los paraguas de colores se saludan, y la tierra exhala su promesa de vida.
Junio es mes de ansiedad, el umbral de las vacaciones. Aún la luz no molesta, ni sofoca la humedad ferviente, ni duele la fatiga.
Mas esta primavera vacilante pasa también demasiado pronto. Luego será ya el verano: infinito agobio.
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