La Venus de El Vedado
Nacida de la espuma.
Te cubres, Venus, si la mirada de un transeúnte explora tus senos, y luego desciende por los pliegues del peplo hasta tus piernas. Accidentales encuentros que no erosionan tu pequeña divinidad, protectora de las veleidosas aguas de una fuente de El Vedado.
De espaldas al mar, por la lógica imprecisa de un arquitecto, no ocultas tu desdén ante ese armatoste de acero y hormigón que te corteja: Argos de cien ventanas.
Presa entre caminantes lascivos y un espanto cúbico; al borde de un mar de cemento adusto, ¿qué íntimo esplendor sujeta tu ser a la piedra? ¿a qué tan estéril persistencia?
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