2007
No recuerdo lo que escribí. Tampoco puedo acordarme de cómo pensaba entonces. Era demasiado joven: demasiado optimista.
Pero 1997 fue un buen año, sin dudas. El amor reciente y la ilusión de ser periodista bastaban para creerme feliz.
El 2007, quizás, pasó muy rápido. Tampoco fue un mal año. Sobreviví.
En los números borrosos de este calendario (regalo de la empresa telefónica nacional), se diluyen la tragedia y la euforia de 2007.
¿Cómo será Cuba en 2017? ¿Cómo seré yo?
Temo a los calendarios: a su conformidad, a su silencio.
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