Ciénaga

Ilusorio tren que en la marisma cotidiana tu ser agitas. Bostezo de arcos y puertas: la Estación, donde la sombra de un pasajero tardío, clamor despierta. Escala de acero y madera, para ascender hacia un lugar: el tiempo. Aquella gravedad horizontal de Oliverio.
¿Quién ha visto una mujer sus ropas lavadas tender al sol de esta Ciénaga: su casa? ¿O al perro aliviar su mañana al pie de la cruz? ¿Y quién la algarabía de chiquillos perderse en el matorral, selva de sus fantasías?
La Ciénaga agoniza junto a la línea, que marca la ciudad con su cicatriz de hierro. Mas no perece, porque su espera es, de la Isla, veraz reflejo.
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