Cámara Libre

Publié le par Boris Leonardo



Desde casi cualquier sitio de La Habana puede verse El Hotel. Incluso desde la azotea de mi edificio en San Agustín, el barrio de la periferia en el que he vivido desde siempre.

El Habana Libre es un inmenso muro clavado en el esternón de El Vedado (el corazón debe de estar algo más allá, quizás sobre el campus de la Universidad). Pero también un menhir, una anacrónica pieza de televisor soviético, un panel de luces de ciencia ficción, una torre para sobrevolar la ciudad, una rampa de lanzamiento de auras tiñosas, una reliquia de la vanidad del siglo XX, una cámara fotográfica. Todo depende del ángulo que escojamos, del encuadre, del color.

He pasado miles de veces a la sombra del antiguo Hilton. Conozco su lobby, algunas de sus tiendas, el cabaret Turquino. Ignoro cómo será la vista desde una de sus habitaciones de cinco estrellas: despertar, salir al balcón y observar el tráfico en 23 y L desde arriba. Y luego regresar a la cama a dormir, mientras abajo la vida real continúa.
 

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