Ya tenemos casi 30 años: esa frontera hacia el país de la adultez, el declive de la juventud, el inesperado envejecimiento,
el fin.
La vida es una sucesión de rituales. El primer llanto, el primer diente, la primera palabra, el amor, el sexo… … el
matrimonio.
He aquí que estas dos personas firman un libro solemne, se entregan alianzas, se besan. Entonces la eternidad no parece
horizonte ilusorio, sino isla a la vista; y ser feliz, un enigma menor.
Pero años antes él y ella habían juntado las manos, no sin temor, y las líneas donde puede adivinarse la vida, habían
confluido. Ese gesto fue el origen de este día, y de otros venideros, ahora menos inciertos.
Felicidades a Mary y a José Ángel !
PS: Ver esta foto el
Flickr.
par Boris Leonardo
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Retratos/ Portraits
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Una voraz máquina de recuerdos, sobreviviente de una época que hoy despierta nostalgias, curiosidad turística, mal disimulados
intentos por maquillar la Historia.
Pero cuando en el ardiente mediodía habanero me subo a unos de estos "almendrones", sorbo de agua fresca en el desértico
paisaje del transporte público citadino, bendigo el añejo rechinamiento de sus hierros, y sus sospechosos olores me resultan más dulces que una esencia francesa. Tengo que confesarlo: he dormido,
incluso, arrullado por el rugir de estos artefactos "antediluvianos".
Aquí vemos un ejemplar, en apariencia vencido. Dos mecánicos tratan de salvarlo: terapia intensiva automotriz. Pero es,
apenas, un poco de fatiga. Saldrá de esta, como de miles y miles de kilómetros, y cambios de piezas, y combustibles dudosos. Resiste.
Esta máquina, con sus focos entristecidos, su boca abierta, sus fantasmas en el parabrisas, marcha en el alma de una
Cuba negada a aparecer en postales.
PS: Ver esta foto en Flickr
par Boris Leonardo
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Ahí está Lenin, adusto, en su marmórea soledad.
Observa el cielo y escucha, tal vez, la música que atraviesa los bosques de coníferas, y los bambúes del Parque Lenin, en las afueras de La Habana. Es la melodía de los "picnic": la renacida,
pequeña, aparatosa, kitsch, abigarrada burguesía citadina, que se tiende los fines de semana sobre el césped, manteles de cuadros y reggaetón en las reproductoras de los autos: la belle
époque.
Cierto, también vienen los hijos de aquel, que se gastó la vida en la forja o en el cañaveral, y le queda el consuelo de la
máquina rusa, vanguardia de décadas, inexpugnables Ladas, o Moskvich, o Fiat Polski, etcétera, etcétera. Hechos allá, donde hoy, quizás, no exista una sola estatua de Lenin.
Ahí está Lenin. Sigue las nubes con la mirada y espera el diluvio, que no acaba de llegar.
par Boris Leonardo
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