
Huyen de la explosión nuclear. La cuarta guerra mundial: la última victoria de la necedad.
Bajo una bóveda quemada, sombras son, apenas. De vida, sólo el movimiento aparentan.
Pero no termina nunca la autopista. No hay sitio seguro.
La ciudad, bajo amarillo cielo, yace enferma.
par Boris Leonardo
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Entre la piedra carcomida en su venerable ancianidad.
Y el glamour apagado de los neones.
Ceñida por el muro:
aquí la tierra, allá el cielo;
aquí la muerte lenta, allá el vértigo.
Una frontera de cemento nos desfigura.
¿Qué ruta nos queda intentar?
¿A dónde la brújula nos condena?
A huir:
la palabra rota,
el ánimo vencido,
el súbito fin.
PS: Ver esta foto en Flickr.
¿A dónde nos lleva la prisa, que a ni vernos alcanzamos en el espejo, o a sentir la caricia de la luz, un nuevo día?
¿Qué nos espera allá, donde la vista no llega, pero que ya intuimos, ansiosos?
Hacia esa región oscura vamos, no importa el nombre. El mismo temor compartimos.
Pero la prisa, dulce, en sus manos desgrana nuestro tiempo, y en sus brazos, nuestra vida, los escalones salta.
PS: Ver esta foto en Flickr.
par Boris Leonardo
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¿Qué guerra libran estos niños? ¿Qué ingenua porfía los enfrenta?
Armados andan, por la vida --te maté, estoy muerto.
A matar juegan, con una sonrisa: amargo presagio.
Y la niña que observa la escena --o más bien al intruso cámara en mano--: acaso Helena, o enfermera de falsas heridas:
desarmada, ¿también juega?
En guerra estamos. El planeta es un pavoroso campo de batalla.
La victoria se desvanece con una mueca atroz. La derrota es nuestro sino.
PS: Ver esta foto en Flickr.
par Boris Leonardo
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Ya tenemos casi 30 años: esa frontera hacia el país de la adultez, el declive de la juventud, el inesperado envejecimiento,
el fin.
La vida es una sucesión de rituales. El primer llanto, el primer diente, la primera palabra, el amor, el sexo… … el
matrimonio.
He aquí que estas dos personas firman un libro solemne, se entregan alianzas, se besan. Entonces la eternidad no parece
horizonte ilusorio, sino isla a la vista; y ser feliz, un enigma menor.
Pero años antes él y ella habían juntado las manos, no sin temor, y las líneas donde puede adivinarse la vida, habían
confluido. Ese gesto fue el origen de este día, y de otros venideros, ahora menos inciertos.
PS: Ver esta foto el Flickr.
par Boris Leonardo
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Retratos/ Portraits
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